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"RECORDANDO A HUESCA"
El Miercoles 12 de Septiembrc cumplieron 50 años del fallecimiento del maestro Andrés Huesca. Su obra está allí. Como compositor, como intérprete. La historia de la música mexicana le dedica algunas páginas imprescindibles como el gran modernizador y difusor, a nivel nacional e internacional, del son jarocho. El cine mexicano lo tiene entre sus archivos con 77 películas en las que participó. Hay algunos que piensan que aun no ha nacido un arpista tan brillante como él. Nacido el 30 de noviembre de 1917, murió lejos de su hogar, en la ciudad de Los Ángeles, California, pero aun así, estuvo rodeado de su familia, sus amigos y sus miles de admiradores, hasta su ultimo aliento. El miércoles 12 de Septiembre 2007, en el lote de la ANDA del Panteón Jardín, se reunieron alrededor de su tumba para estar cerca de él su hija Gabriela, su único hermano vivo, Arnulfo, músicos, amigos, prensa y admiradores, con el único fin de celebrarlo, cantar y recordarlo. Hoy más que nunca, es vital que nos movamos para hacer lo que las instituciones olvidaron desde hace ya mucho tiempo: conservar y difundir nuestras raíces culturales no tan solo para que no se olviden, sino para mantenerlas vivas, recrearlas y disfrutarlas como algo propio.
"ANDRES HUESCA, EL HOMBRE ARPA, ES RESCATADO DEL BAUL DEL OLVIDO" por Arturo Cruz Bárcenas- JORNADA- MEXICO D.F.- 10/11/07
Andrés Huesca fue el primero en grabar a José Alfredo Jiménez (el tema Yo), hizo famosa La bamba en el mundo, intervino en 77 películas, actuó para presidentes, determinó cómo debía tocarse el arpa (de pie), participó en la musicalización de la cinta Los tres caballeros, de Disney; dio fuerza al son, y era alegre, tanto como puede serlo un jarocho. Todo eso está casi olvidado.
Mañana miércoles 12 de septiembre a las 12 horas, en la tumba del músico –situada en el Panteón Jardín en la sección de la Asociación Nacional de Actores (ANDA)–, su hija Gabriela, artistas que lo conocieron, como Licha (del dueto Licha y Fermín), hermanos, nietos, amigos y gente del pueblo que aún canta temas como El pijul y Tres días, le rendirán un homenaje con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento, acaecido en Los Ángeles, California, por tuberculosis.
Desde su deceso, el olvido “oficial” ha sido una constante. Ni la ANDA, ni Miguelito Alemán –cuyo padre y él mismo disfrutaron del arte del músico– le han hecho justicia, “lo arrinconaron en el baúl del olvido”.
El nombre de Andrés Huesca está ligado a personajes como Agustín Lara, Pedro Vargas y Pedro Infante. Su participación en 77 películas da fe de ello.
Pocas veces se ha dado una simbiosis hombre-arpa como la que estableció Andrés Huesca, así lo recuerda un colega suyo, Mario Barradas, del grupo Tierra Blanca y profesor en la Escuela de la Música Mexicana.
Nació en el Puerto de Veracruz en 1917. Comenzó a grabar en los años 30, pero no fue sino hasta la siguiente década cuando se convirtió en una figura pública difundiendo el son jarocho desde la ciudad de México. Se cuenta que el auge fue tan grande que Huesca tenía dos grupos con el mismo nombre que se dedicaban a cumplir con diferentes compromisos que surgían.
Entre sus aciertos está, sin duda, el de haber establecido el son jarocho en un ambiente muy cargado hacia el son jaliscience (mariachi jarocho o jarocho jaliscience) y con una competencia fuerte con el son huasteco. Entre sus contribuciones-modificaciones está el haber introducido un arpa más grande que la tradicional diatónica jarocha, con la finalidad de ejecutarla de pie.
Esto se dio por razones extramusicales, ya que en 1936, cuando participó en la película Allá en el Rancho Grande, el arpa tradicional tenía aproximadamente un metro con 20 centímetros, lo que obligaba al arpista a ejecutarla sentado. Andrés Huesca, al participar en la película y por razones puramente cinematográficas y de imagen, decidió utilizar un arpa michoacana, mucho más grande, lo que le permitió estar de pie.
Huesca y sus Costeños participaron en películas de claro ambiente jarocho, como Sólo Veracruz es bello (1948), de Juan Bustillo Oro, y Flor de caña (1948), de Carlos Orellana, pero también en otras en las cuales la presencia del son jarocho no era tan indispensable para la trama de la película, como Historia de un gran amor (1942), de Julio Bracho; La perla (1945), de Emilio Fernández, y Han matado a Tongolele (1948), de Roberto Gavaldón. Para su hija Gabriela, “el apellido pesa mucho, pero pesa en lo bonito”.
Nostalgia El sábado pasado, en la casa de Gabriela, en Coyoacán, un grupo de personas que quieren a don Andrés se reunieron para recordarlo. Con el fondo musical de varias de sus creaciones, vieron en una pantalla de computadora imágenes del álbum familiar. Los recuerdos fueron cayendo y la emoción fue creciente.
Gabriela: “Estamos aquí para recordar a mi padre, quien murió un 12 de septiembre de 1957, cuando yo tenía cinco años; tengo recuerdos hermosos de él, muy claros, y de la época en que él estuvo en el hospital y vivíamos en Los Ángeles, California. Salía del nosocomio y nos iba a visitar. Tocaba el arpa en los rincones de la casa. Recuerdo su música y sus películas; algo que me hace sentir que tengo cosas heredadas son, quizás, el trato, el carácter, que repetidamente me lo dicen.
“Fue un virtuoso del arpa veracruzana; tenía una voz fuerte y muy orgánica. Lo fui descubriendo poco a poco. Mi madre, Gabriela Román –quien falleció en 2006, el 22 de julio, a los 89 años– vivió toda la vida enamorada de él. Ella siempre me acercó a su música, a los discos, las películas y el arpa.
“De hecho, yo estudié cuatro años arpa de concierto. Es un instrumento difícil, pero hermoso. Un arpa, diría un niño, es agua, naturaleza, cascada, una atmósfera sonora. Es un sueño. El arpa para mí es mi papá. El arpa clásica tiene unas 47-57 cuerdas. En la veracruzana varía, de acuerdo con el tamaño.
“Mi papá la tocaba con un virtuosismo indescifrable. ¡Era de una velocidad, una seguridad y un sonido en los dedos...! El tocaba con la yema del dedo, como si fuera la técnica del arpa clásica; no tocaba con uña, que sí la usan muchos músicos populares. Mi papá tenía la posición del arpa clásica, con las uñas muy recortadas, por lo cual el sonido era muy profundo. Me impactan los bajos. Su sonido era redondo. Madera. Tenía lo que dicen los especialistas: touche.
“Don Andrés era muy querido en La Habana, donde nací. El ginecólogo era muy amigo de mi mamá y por eso ella quiso ir a tenerme allá. A los 10 meses me vine a México. Me siento de los dos países… Mi papá era muy noble, pachanguero, coqueto, bullanguero, tomador y muy bromista.
“Cuenta Judith Reyes que cuando se iban de caravana artística, con Viruta y Capulina, David Silva, Licha y Fermín y tantos otros, en camiones, supo algo: ‘tu papá era tan hombre que siempre cumplía su palabra’. Era bien veracruzano, del mero puerto. Mi tío Arnulfo, Fito –presente en la charla– dice que fueron 10 hermanos, tres de ellos murieron antes.”
Para Gabriela, la faceta de compositor de su papá demuestra un gran amor por su patria. “Era un paisajista. Cuando se escucha El ahualulco se ve Veracruz. Se pueden imaginar a las gitanas cantando en el puerto. No sé cuántas compuso, pero esa será mi herencia. La bamba él la dio a conocer al mundo. No la compuso, aclaro.
“A mí la que más me gusta es Canto a Veracruz. Hay mucha confusión sobre sus composiciones. En los discos que están saliendo vienen temas de mi papá, pero sin crédito. Hay un mercado negro muy extraño. Grabó con Los Aguililla, El Trío Huracán. Está el disco Homenaje a Huesca, donde viene el Siquisirí, y otros.
“Voy a investigar a una editora que ha cobrado las regalías. Sí, existe un olvido de la obra de mi papá. Participó en cintas como Algo flota sobre el agua, Qué bravas son las costeñas y Los tres huastecos. Estuvo con Pedro Infante, Jorge Negrete y Pedro Vargas. Fue un icono de la XEW.”
Mañana miércoles será una oportunidad para conocer, recordar y cantar, algo de la música de Andrés Huesca, en el Panteón Jardín, donde yacen sus restos. Será una ocasión especial para recordar a su hermano Víctor, enorme talento creador de Compadécete mujer y El torito jarocho. ________________________________________________________________
RECORDANDO A LINO CHAVEZ Por Andrés Barahona Londoño
Lino Chávez Zamudio nació el 23 de septiembre de 1922 en una ranchería cercana a Alvarado, donde se crió y vivió hasta los 17 años. A los 8 años comenzó en forma autodidacta a tocar la armónica, sacando piezas conocidas. A los once años pulsó por primera vez una jarana y poco después conoció la guitarra. Desde los doce empezó a tocar violín. Durante algún tiempo trabajó como panadero en Alvarado. Después, en el Puerto de Veracruz Rosalino Medina y su hermano Marco lo invitaron a su grupo, primero como jaranero y después tocando la guitarra sexta. Debido a una lesión quedó baldado de un dedo de la mano izquierda y para poder tocar utilizaba el capotrasto.
En 1942, a los 20 años llegó a la Ciudad de México como guitarrista y Nicolás Sosa lo invitó a formar parte de su grupo Tierra blanca. Fue Nicolás Sosa quien lo impulsó a tocar el requinto, instrumento que aprendió a tocar en forma autodidacta en la Ciudad de México y después fijándose en los músicos cuando iba a su natal Alvarado. Lino Chávez desarrolló un estilo muy brioso de tocar los sones y la verdad es que sin proponérselo, gracias a la difusión que tuvieron sus discos con el Conjunto Medellín, ya para el año de 1946 la gente se empezó a acostumbrar a su sonido que era distinto al de las rancherías del Estado de Veracruz. Como sea el Conjunto Medellín alcanzó muy pronto renombre y al fallecer Andrés Huesca en 1957, se convirtió en uno de los grupos más conocidos.
Tuvo oportunidad de participar en alrededor de 16 películas, entre ellas: "Que verde era mi padre" con Chachita. "Sólo Veracruz es bello", "Llévame en tus brazos" con Ninón Sevilla; "Vivir del cuento" con Tin Tán; "Nosotros los solteros" con Manolín y "Chelinsquí"; "Flor de sangre" con los hermanos Soler; "Carabina 30 30" y "Pequeños gigantes" y algunas más.
Hizo también algunas grabaciones fonográficas con diversos artistas famosos como "Gitano tenías que ser" con Pedro Infante; "Bajo el cielo de México" con Miguel Aceves Mejía. También grabó con Libertad Lamarque, Agustín Lara y Toña La Negra.
Lino Chávez tuvo la oportunidad de realizar un gran número de viajes por distintos países en Europa, Medio Oriente y Asia. Con mucho orgullo él contaba que estando en Hong Kong, tuvo la grata sopresa de que varias personas se presentaran en sus conciertos, llevando discos del Conjunto Medellín para que él se los autografiara.
Llegó a la Ciudad de Xalapa en junio de 1992 donde pasó sus últimos años a invitación de quien era en aquel entonces alcalde. Recibió una plaza por parte del sector educativo, pero lamentablemente no la pudo disfrutar ya que a los 3 días falleció, en el año de 1993.
Lino Chávez Zamudio era una persona muy amable y sencilla. Fue un músico de gran talento que siempre disfrutó los sones jarochos. ________________________________________________________________
LA MUSICA VERACRUZANA Por: Alberto De la Rosa Sánchez
Indiscutiblemente, uno de los tesoros más grandes que ha acumulado a través del tiempo el pueblo Veracruzano, es su expresión musical, música que en muchas ocasiones es complementada con danza, y en otras es una fuerte invitación a bailar al ritmo de sus alegres compases.
En el estado de Veracruz sobresalen tres estilos de música, que cuentan con fuerte arraigo entre sus pobladores y un gran número de seguidores en otras partes de México y el extranjero.
Al norte nos encontramos con la música Huasteca que aunque se manifiesta también en otros estados vecinos, en Veracruz adquiere características muy propias ya que es parte de toda una forma de vida. Los Huastecos aman profundamente su música y ocupa un lugar esencial en todos los momentos importantes de su existencia; nacimientos, bautizos, bodas, celebraciones religiosas, funerales etc., En toda la Huasteca Veracruzana, que abarca desde la ribera del río Pánuco, que nos une con el estado de Tamaulipas, hasta la ciudad de Poza Rica y lugares circunvecinos, se escucha el canto del “falsete” siguiendo las vibrantes notas del violín ejecutado con singular maestría y acompañado por la jarana y la huapanguera. Actualmente los festivales de Son Huasteco se han popularizado en toda la región y ya son muchos los pueblos que con gran éxito los organizan.
En el puerto de Veracruz y sus alrededores florece la música Caribeña, también llamada Tropical, y es necesario hacer notar que aunque Veracruz geográficamente no se encuentra en el Caribe, culturalmente forma parte importante de él, ya que en Veracruz se toca, se canta, se baila y lo que es más significativo, se compone música Caribeña la cual ha trascendido mas allá de nuestras fronteras donde destaca uno de los más grandes compositores Mexicanos de todos los tiempos: el “músico-poeta Agustín Lara”. Desde luego en Veracruz florece un estilo muy particular de ritmos Caribeños y podemos afirmar que la Rumba y el Danzón ya tienen carta de nacionalización, cuya manifestación más voluptuosa la vivimos durante la celebración del más famoso carnaval de México: el “Carnaval de Veracruz”, amén de otros carnavales y ferias de la geografía Veracruzana.
Desde luego la Música Jarocha es la que con mayor fuerza representa a los Veracruzanos, esto se debe a que nació en esta tierra y se puede decir que desde aquí ha conquistado al mundo. “Jarocho” originalmente era un término despectivo con el que los primeros habitantes del puerto de Veracruz, la mayoría nacidos en la península Ibérica, llamaban a los que vivían fuera de las murallas de la ciudad, y que normalmente eran los encargados de los establos y caballerizas de la clase poderosa. Con el tiempo el significado del nombre ha cambiado y en nuestros días es símbolo de orgullo. El calificativo de Jarocho se fue extendiendo hacia la cuenca del río Papaloapan y el sur del estado naciendo toda una cultura Jarocha con una serie de tradiciones compuesta por gastronomía, vestimenta, lenguaje, literatura, danza y desde luego Música, la que como todo lo demás es el resultado de la mezcla de tres culturas: la Indígena que ya vivía en esta región, la Española que llegó a conquistar y la Africana que fue traída en calidad de esclava. La riqueza de la música Jarocha es infinita, las Jaranas son el alma principal de los conjuntos a las que se le suman una gran variedad de instrumentos entre los cuales en muchas ocasiones destaca el “Arpa”, que de alguna forma es también un ícono de Veracruz. Se puede decir que cada músico es un “Juglar”, ya que en sus composiciones narra sucesos o convierte con ingenioso humorismo situaciones difíciles o dramáticas en jocosas aventuras, destacando la facilidad para improvisar un verso en el que alude a algún personaje de la reunión o a alguna situación del momento.
La Música Jarocha se escucha en todo el sur del Estado, sobresaliendo Tlacotalpan, donde se celebra la fiesta de la Candelaria y año con año se realiza el encuentro de jaraneros, al que asisten músicos de todo México y de otros Países; Alvarado, cuna de grandes músicos que durante todo el mes de mayo viven el Son Jarocho en sus tradicionales “Fiestas de las Cruces” y donde J. Pablo Moncayo estudió y compuso su famoso “Huapango”; además las pequeñas poblaciones de Mandinga y Boca del Río, lugares en que los turistas además de escuchar la variedad de Sones pueden disfrutar sabrosos manjares de la comida Jarocha.
Como Arpista Veracruzano con más de 40 años de vida profesional, en la cual he tenido la oportunidad de interpretar la música de nuestra tierra en múltiples ocasiones ante todo público y en escenarios de los cinco continentes, he constatado con orgullo el aprecio, el cariño y la alegría con la que esta es recibida en cualquier parte del mundo, aún en remotos lugares donde difícilmente se ha escuchado el nombre de Veracruz. ________________________________________________________________
Son Jarocho – Guia Historico-Musical Por: Rafael Figueroa
Los orígenes del son jarocho se remontan al siglo XVIII en donde la música venida de España, primordialmente de la zona de Andalucía y de las Islas Canarias adquiere un carácter muy peculiar en nuestras tierras al mezclarse con las influencias africanas que pululaban la cuenca del caribe en esas épocas y el sustrato indígena que poblaba originalmente estas tierras.
Ya desde el siglo XVII y gracias a la Inquisición sabemos de ciertos géneros musicales propios de "mulatos y gente de color quebrado" que se practicaban en diferentes sitios de Veracruz y otros lugares de la Nueva España. Sones como "El chuchumbé", "El jarabe gatuno" y otros bien pueden ser los antecedentes directos de los diversos sones que pueblan el territorio nacional, entre los que está el son jarocho. Santiago de Murcia ya recrea en a mediados del siglo XVIII algunos "sones de la tierra" que evidentemente abarcaban los universos afromestizos en los que el son jarocho se estaba forjando.
Sevillanas, fandanguillos, bulerías, garrotines, peteneras desde España ya eran resultado de una mezcla bastante interesante de la música árabe con la tradición gitana, melodías judías y música bizantina. Si reunimos las coplas, el rasgueo de los laúdes y guitarras y el zapateo con el tejido rítmico, la antifonía, la improvisación, y el uso de jitanjáforas y onomatopeyas, elementos provenientes de África, podemos imaginar cuales son las herencias musicales que conformaron en tierras veracruzanas lo que actualmente conocemos como son jarocho.
Evidentemente estas herencias se han repartido en forma desigual a lo largo y ancho del territorio veracruzano, lo cual ha resultado en evidentes diferencias según las regiones ya que en algunas como los Tuxtlas la influencia indígena, principalmente nahua y popoluca, es mayor que en otras como el Puerto de Veracruz y sus inmediaciones en que la influencia africana se deja sentir.
El siglo XX encuentra al son jarocho conformado en la forma en que lo conocemos actualmente. Para la década de los veinte en pleno auge reformador vasconcelista, la Secretaría de Educación, se dio a la tarea de investigar y recopilar las diversas manifestaciones populares de las diferentes regiones de México y entre ellas estaba por supuesto Veracruz, con lo que el son jarocho empezó a ser conocido en el centro de la república. Personas como el músico español Vicente Ruiz Maza y el mexicano José Acosta en 1925 financiados por la Secretaría de Educación Pública se dedican a rescatar y transcribir en la pauta lo que escuchan. También en esta época comienzan a aparecer en esos discos pesados de 78 revoluciones las primeras grabaciones de son jarocho.
Sin embargo no fue sino hasta finales de la década de los años treinta que algunos músicos de son jarocho comienzan a realizar el viaje que los llevaría a la ciudad de México, desde siempre centro neurálgico del país y poseedor de una infraestructura impresionante en materia de telecomunicaciones. En esta época se estaban conformando las imágenes, reforzadas por el cine, de lo que se podía considerar como lo nacional, como lo mexicano, y por razones que no viene al caso discutir aquí, la música venida de Jalisco con todo e indumentaria se había apoderado del ambiente, lo que ocasionó algunos modificaciones a la música que originalmente se traía desde Veracruz.
Entre los integrantes de esta primera ola de músicos jarochos estaban Lorenzo Barcelata y Andrés Huesca. Lorenzo Barcelata nacido en Tlalixcoyan, a pesar de estar fuertemente ligado a la música ranchera y huasteca, nunca dejó de cultivar el son jarocho, componiendo algunos de los sones jarochos más conocidos en la actualidad, y llegando incluso a registrar algunos sones tradicionales como propios entre ellos el famoso Siquisirí.
Andrés Huesca, nacido en el puerto de Veracruz en 1917, llenó una época importante desde el centro de la república estableciendo una serie de cambios que marcaron el futuro de esta vertiente del son jarocho. Comenzó a grabar en los treinta pero no fue sino hasta la siguiente década que se convirtió en una figura pública difundiendo el son jarocho desde la ciudad de México. Se cuenta que el auge fue tan grande que Huesca tenía dos agrupaciones con el mismo nombre que se dedicaban a cumplir con los diferentes compromisos que surgían.
Entre sus aciertos está, sin duda, el de haber establecido el son jarocho, en un ambiente muy cargado hacia el son jaliscience y con una competencia fuerte del son huasteco. Claro que para ello tuvo que hacer algunas modificaciones a las estructuras musicales que había aprendido en su natal Veracruz. Entre sus contribuciones/modificaciones está el haber introducido un arpa más grande que la tradicional arpa diatónica jarocha con el objeto de ser capaz de ejecutarla de pie. Esto se dio por razones puramente extramusicales ya que en 1936 cuando participa en la película Allá en el Rancho Grande, el arpa tradicional tenía aproximadamente un metro con veinte centímetros, lo que obligaba al arpista a ejecutarla sentado. Andrés Huesca al participar en la película y por razones puramente cinematográficas y de imagen decidió utilizar un arpa michoacana, mucho más grande lo que le permitía estar de pie y por lo tanto salir bien en las números musicales. Esto tuvo una buena acogida entre los arpistas porque además de la mayor sonoridad también a la foto. También en los ambientes de restaurante o bar un arpa mayor era más fácilmente transportable cuando se tocaba de mesa en mesa.
Andrés Huesca y sus costeños participaron en películas de claro ambiente jarocho como Sólo Veracruz es bello (1948) de Juan Bustillo Oro y Flor de caña (1948) de Carlos Orellana, pero también en otras en que la presencia del son jarocho no era tan indispensable para la trama de la película como Historia de un gran amor (1942) de Julio Bracho, La perla (1945) de Emilio Fernández y Han matado a Tongolele (1948) de Roberto Gavaldón.
Otros de los músicos veracuzanos que llegaron por esta época aunque por razones diferentes fue Nicolás Sosa, quien llegó a la ciudad de México invitado por el estudioso del folclor Gerónimo Baqueiro Foster para realizar transcripciones musicológicas de los sones que Nicolás Sosa había aprendido en su infancia y juventud. Don Nicolás aprovechó para incorporarse a la época de auge aunque no modificó su estilo tanto como otros de los participantes en este período.
El requintista Lino Chávez, nacido en Tierra Blanca, llegó a México unos años después de Andrés Huesca y Nicolás Sosa y de muchas maneras les fue siguiendo los pasos. Perteneció al grupo de Los Costeños de Huesca y al Tierra Blanca para después formar su propio grupo, el Conjunto Medellín, y consagrarse como uno de los grupos más influyentes de esta nueva manera de hacer el son jarocho. Gracias a esto trabajó en películas, centros nocturnos y realizó un sin número de grabaciones.
A partir de estos años el son jarocho participó cotidianamente de los diferentes foros disponibles para la farándula de la ciudad de México, verdaderos templos de la música popular como la XEW, La B grande de México, La XEQ y diferentes centros nocturnos como el Follies, El Patio, El Sans Souci y el Bremen.
Las causas de este auge pueden residir tanto en el hecho de que la mala situación económica en las ciudades porteñas del golfo de México debido a la Segunda Guerra Mundial, obligaba a la emigración para buscar trabajo, como al advenimiento a las altas esferas de gobierno, incluida la presidencia, de un número importante de políticos veracruzanos, que hicieron posible que los grupos de son jarocho tuvieran mucho trabajo en lugares como el Casino Veracruzano sitio imprescindible de reunión de los veracruzanos que pertenecía a la alta clase política y económica del país.
En 1946 año del destape de Miguel Alemán como candidato a la presidencia el son jarocho tuvo una de sus épocas más importantes desde el punto de vista de la difusión, ya que, quién iba a ser el primer presidente civil de México, tomó "La bamba" como tema musical de campaña, incluso se llegó a decir que este son era el segundo himno mexicano durante todo su sexenio.
Las consecuencias de este éxito fueron varias desde el punto de vista musical. Por un lado la necesidad de presentarse como espectáculo y no como música para bailar en un fandango, hizo que se presentara la necesidad de mostrar una música más rápida que pudiera impresionar al público de los diversos centros nocturnos. La música se aceleró para alcanzar el climax necesario de alguien que escucha y no de alguien que participa en una fiesta. Además se enfatizó la ejecución virtuosística de los instrumentos más vistosos como el arpa lo que hizo que se le considerara como instrumento sine qua non.
Muchos de los involucrados no tuvieron empacho en modificar la tradición para adaptarse a los nuevos tiempos, lo que en sí, no es reprobable. El problema fue que la industria del espectáculo no permitió que el son jarocho continuara transformándose sino que pidió una y otra vez que los números que habían tenido éxito siguieran repitiéndose, si acaso con variaciones en la lírica pero no en la música ni en la instrumentación. En algunos casos se llevaron a cabo mixturas francamente poco deseables como el préstamo para finalizar un son con el clásico "ay aaay" de los mariachis y de la música ranchera.
Otro elemento que habría de modificarse con respecto al son jarocho tradicional fue la duración de los sones. Mientras que en un fandango duraciones de treinta minutos no son poco comunes, en un ambiente de cabaret o en la programación de radio, los sones no podían pasar de 2 o 3 minutos, tanto por cuestiones técnicas como comerciales.
Durante estos años ocurre, específicamente en 1952, otro suceso que vendría a conformar la imagen pública del son jarocho. En esa fecha Amalia Hernándes crea su famoso Ballet Folklórico, y con ello marcaría muchos de los desarrollos posteriores del son jarocho. El Ballet de Amalia Hernández contribuyó muchísimo a la difusión internacional del son jarocho, pero a cambió de un proceso de estereotipación que para muchos significaría el estrangulamiento de la tradición jarocha. Amalia Hernández contrataría, por ejemplo de forma casi exclusiva al conjunto Tlalixcoyan de los Hermanos Rosas, lo que representaba para ellos una fuente segura de ingresos pero una muerte creativa que los forzaba a interpretar un repertorio muy limitado de sones noche tras noche al pasar de los años.
La época de auge continuó como era de esperarse durante el sexenio de Ruiz Cortinez, también veracruzano. Sin embargo a finales de los años cincuenta y al comenzar la sexta década del siglo, el panorama se comenzó a tornar bastante sombrío. Los que habían participado en el auge comercial fueron quedando en el olvido. Algunos como Nicolás Sosa y Andrés Alfonso Vergara regresaron a Veracruz, otros como Lino Chavez murieron prácticamente en el olvido. El callejón sin salida de los clichés comerciales sólo dejaban dos reductos a los grupos de son jarocho, obligados a repetirse hasta el cansancio: por un lado las cantinas y las ostionerías y, por el otro, los ballets folclóricos
1969 trajo consigo un disco fundamental para la historia de la difusión del son jarocho que probaría, con los años, ser fundamental en el proceso de revitalización del género. Era el número 6 de la serie de música del Instituto Nacional De Antropología e Historia y llevaba el sencillo título de "Sones de Veracruz". El disco tardó algunos años en hacer sentir su verdadera influencia, durante los cuales silenciosamente continuó reeditándose . Gracias a este disco con el trabajo de grabación y las notas de Arturo Warman, se conoció (¿o debemos decir, se re-conoció?) una realidad que estaba escondida. Por los surcos de esta producción transcurrían lo mismo Arcadio Hidalgo desde Minatitlán, que Antonio García de León, los hermanos González o Rutilo Parroquín, nombres hasta esa fecha sólo conocidos por unos cuantos ya que incluso para los habitantes de la región pasaban un tanto desapercibidos.
A finales de la década de los 70 otro evento se suma al proceso de conformación de la escena contemporánea del son jarocho: Desde Tlacotalpan, Veracruz se consolida, luego de unos comienzos un poco inciertos, el Encuentro de Jaraneros. Nacido originalmente como concurso pronto se llegó a la conclusión de que era imposible calificar con una misma tasa a la gran variedad de posibilidades en las cuales el son jarocho había devenido. Se decide entonces convertirlo en un Encuentro donde cada grupo simplemente era invitado a presentar su trabajo, sin ninguna cortapisa ni intento de control.
Gracias al trabajo del encuentro se comienza a ver que el son jarocho no es uno sino muchos, que las diferencias entre regiones no tienen que ser vistas, como lo hacían algunos, como desviaciones sino como tendencias enriquecedoras que pueden y deben convivir en este mundo del son. Durante sus más de veinte emisiones en el encuentro ha sido posible el intercambio de experiencias entre los jóvenes que descubrían esta música y aquellos que llevaban más de medio siglo tocándola bajo el cielo sotaventino; también por primera vez era posible escuchar y apreciar las diferencias de grupos disímbolos que bien podían provenir de comunidades rurales indígenas que de áreas plenamente urbanas, estar formados por músicos amateurs que por profesionales, solistas o grupos, es decir, la diversidad.
Gracias al encuentro, y a los muchos encuentros que afortunadamente han aparecido motivados por el de Tlacotalpan, nos pudimos dar cuenta de las diferencias y afinidades entre las diferentes regiones del son jarocho tanto en Veracruz como en la ciudad de México. Escuchamos como un mismo son puede sonar de maneras distintas, si es interpretado desde Tlacotalpan o Alvarado, que si viene de la región de los Tuxtlas, o de las zonas con mayor influencia indígena como Xoteapan, Acayucan o Jáltipan;
Movimiento jaranero
Para 1981 el naciente movimiento jaranero ya estaba lo suficientemente maduro para empezar a crear sus propias figuras de culto. Arcadio Hidalgo uno de los participantes en el disco del Instituto Nacional de Antropología vuelve a la circulación acompañado del grupo Mono Blanco en un disco titulado Sones Jarochos y con el da comienzo a lo que llamamos Movimiento Jaranero, es decir, un conjunto de grupos e individuos que, con plena conciencia de su labor, trabajan para la preservación y el rescate de la tradición del son jarocho.
En la actualidad el movimiento jaranero goza de cabal salud y cuenta con varias vertientes que trataremos de resumir a continuación.
Son indígena. Cantando en lenguas como el náhuatl y el popoluca el son indígena ha sido revalorizado desde dentro y desde afuera y se ha aprendido a entender su cadencia mucho más pausada que sus contrapartes mestizas. (Fandango!. Fiestas de la Candelaria Minatitlán 91. México: Pentagrama, 1991 un son de la Guacamaya interpretado en Zoque-popoluca y otro en náhuatl por representantes de Hueyapan de Ocampo y de Pajapan respectivamente)
Ejecutantes del son tradicional que motivados por el movimiento se han sumado a él, pero sin variar en lo básico su manera de ejecución. En este renglón podemos encontrar a grupos como el Son de Santiago de, era de esperarse, Santiago Tuxtla, Los Utrera de el Hato con don Esteban Utrera en el requinto como pilar de la familia y Los cultivadores del son con los dos Juanes: Juan Pólito Baxin y Juan Mixtega Baxin, entre otros
Representantes del camino marcado por las modificaciones de Andrés Huesca y Lino Chávez al son jarocho en los años cuarenta, que han sabido mantener un cierto grado de originalidad. En este rubro podemos incluir a grupos como el Tlen Huicani desde Xalapa, sin duda uno de los grupos más conocidos y reconocidos a nivel mundial, debido al apoyo que han recibido de la Universidad Veracruzana de la cual forman parte, y a la Negra Graciana, intérprete del arpa cuyo estilo nos remite a un interesante punto medio entre la manera tradicional del son jarocho y la corriente urbana de interpretarlo.
Los integrantes del Movimiento jaranero propiamente dicho, partipantes permanentes en los Encuentros de Jaraneros, artistas creativos y, al mismo tiempo, promotores del son jarocho, además, y esto es quizá lo más importante, han trabajado la composición de sones nuevos convencidos de que la única manera de mantener la tradición es renovándola. En este renglón encontramos a el grupo Mono Blanco comandado por Gilberto Gutiérrez, Antonio García de León y el grupo Zacamandú, Tacoteno impulsado por Juan Meléndez de la Cruz, Son de Madera dirigido por Ramón Gutiérrez, el Grupo Siquisirí de Tlacotalpan y anfitrión del Encuentro de Jaraneros, Los Parientes de Playa Vicente y, desde el sur del estado, Chuchumbé, entre muchos otros.
Experimentos y fusiones. Uno de los resultados previsibles de un movimiento como el jaranero, era la posibilidad de experimentar y realizar fusiones con géneros tanto cercanos como lejanos musicalmente hablando. En los Encuentros de Jaraneros, y en algunas grabaciones, ha sido posible presenciar como tradiciones como la anfroantillana, el blues, el jazz y la música africana, para sólo mencionar unas cuantas, se pueden mezclar, con diversos grados de éxito, con el son jarocho y ofrecer un producto estéticamente válido.